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La vorágine: Valor histórico y estructura conceptual
Elías Letelier

Rivera, José Eustacio.

La vorágine: edición prólogo y notas de Fernando Rosemberg.

Buenos Aires: Editorial Losada, 1985.

 

En noviembre de 1924, aparece en Bogotá La vorágine, novela colombiana que de inmediato ganó una remarcable reputación, por el contenido y creatividad con que el autor José Eustasio Rivera, hace llegar al lector los acontecimientos narrados en la obra. Esta, a la cual me referiré tomando algunos aspectos fundamentales a su estructura, unidad de tiempo, contenido, carácter social y rol histórico, es a mi juicio, una expresión vigente en la creatividad literaria de hoy y que puede ser resumida como el Macondo colombiano de 1924.

 

La vorágine, es una obra que trata sobre la vida y hechos que acontecen a una pareja, después que esta decide huir lejos, y así, escapar al matrimonio de la joven que había sido comprometida con un hombre viejo que ella no quería. Aquí, el poeta Arturo Cova, uno de los narradores y presunto autor ficticio de la obra, le propuso: "¡Huyamos! Toma mi suerte, pero dame el amor ¡Y huimos!" (27).

 

Durante el transcurso de la huida, la pareja sufre situaciones que dan paso a la idea central de la obra en una vorágine de acontecimientos. Aquí, es importante destacar que el rol de esta pareja, si bien tiene una función, a la cual más tarde me referiré, el autor la emplea como un mero recurso que le permiten presentar la galería de hechos que se suceden en la novela, y lograr así, introducir al lector a la problemática de la explotación y miseria humana en la selva.

 

La obra está dividida en tres partes y cada una de ellas en narraciones separadas, donde el narrador no mantiene el privilegio del relato: Cova, Helí Mesa, Clemente Silva, Balbino y Jácome van cediéndose la palabra, creando una inusual agilidad narrativa. Al mismo tiempo, la obra es fraccionada con los relatos de los hombres, que engañados son llevados a trabajar a las caucherías; cuento místico y maravilloso de la india Maripana; relato de Clemente Silva en torno a las peripecias para encontrar las osamentas de su primogénito; los crímenes del Coronel Tomás Funes, y que Ramiro Estévanez narra con impresionante autoridad.

 

La actitud dispersa de los personajes y la poca constancia de ellos, pese al talante y belicosidad que estos poseen, no permiten identificar a un individuo específico como el protagonista, dejando de esta manera al lector concluir, que es la selva, el magistral aparato verde, que en la novela es retratado como monumento al desafío, la metáfora que constituye la personificación del protagonista.

 

Aquí, el tiempo que pareciera estático y otras veces vertiginoso, está determinado por el nacimiento del niño de Alicia y Covas:

 

Anteanoche, entre la miseria, la oscuridad y el desamparo, nació el pequeñuelo sietemesino. Su primera queja, su primer grito, su primer llanto fueron para las selvas inhumanas. ¡Vivirá! ¡Me lo llevaré en una canoa por estos ríos, en pos de mis tierras, lejos del dolor y la esclavitud, como el cauchero del Putumayo, como Julio Sánchez!(301)

 

Esta breve información, que más parece un acta de nacimiento fuera de contexto, se transforma en valioso acontecimiento en la obra, por cuanto es esta la acción que determina la unidad de tiempo. El niño que nace prematuro, al final de La vorágine, se transforma en el elemento fundamental que determina la unidad de tiempo en el transcurso de la novela.

 

La idea o concepto central, esta circunscrito a mostrar con abismante detalle, y de vez en cuando, con poético lenguaje, la explotación y miseria humana a que son sometido los trabajadores del caucho en la selva colombiana, en contraposición a las ganancias y beneficio que producen para los propietarios de los medios de producción.

 

Durante el tiempo y espacio que la novela acontece, el lector se ve abordado por giros lingüísticos y expresiones que reproducen las psicoestructuras de los personajes, como un importante índice léxico de un sector determinado en la geografía colombiana, algo, que por lo demás, no es extraño a los naturalistas.

 

La vorágine, no sólo se transforma en la primera obra de rescate cultural de las selvas de América, sino que se convierte en espejo de la tragedia colombiana: la despoblación de los cafetales; la esclavitud en la selva inhóspita; la subyugación cruel con que los seres humanos son sometidos por la codicia del liquido blanco de las caucherías[1] ; el comercio y el tráfico de baratijas que hurtaban la ganancia a los desposeídos; el rol y valor miserable que se le otorga a la mujer en la escala social de la selva y los llanos. La obra se esfuerza por exhibir una identidad real de América Latina, por procurar de exponer con claridad y establecer, pese a la indiferencia de los cultistas españolizantes, las diferencias entre la lengua de España y la de América: un castellano, rico en sonidos y en sentimientos.

 

José Eustacio Rivera, con su forma de presentar y concluir la obra: prólogo y epílogo, reconstruye el rol del coro de la tragedia griega: la voz que narra los acontecimientos que acaecen fuera del escenario y orienta al público. Mediante este recurso encauza al lector, desvinculándose de la autoría de la misma. Aquí informa a la autoridad sobre la existencia de un manuscrito perteneciente a un escritor desaparecido y al mismo tiempo, advierte sobre el tema de la novela, haciendo notar, con gran claridad y escueto lenguaje, que esta obra está sujeta a impurezas determinadas por barbarismos lingüísticos propios a la región que pertenece y fue escrita. Aquí, Rivera utiliza este recurso clásico con gran certeza, pues este, más tarde le serviría de protección ante sus detractores. El epílogo, por otra parte, esta ligado al prólogo mediante la voz inicial que Rivera emplea para concluir la obra. Se informa al lector, como una manera de concluir, mediante un verosímil telegrama, la muerte de los protagonistas, quienes presuntamente perecieron devorados por la selva en La vorágine de la vida, igual que en la conclusión de Antígona, donde los protagonistas mueren.

 

Fue un incidente acaecido en 1923, el elemento que terminaría por definir la forma y estilo que el autor emplearía para poder hacer llegar su mensaje de conciencia a la población de su país. Alrededor de esta fecha, Rivera había hecho un informe en torno a la miseria de las caucherías donde hacía responsable al empresario de "los bosques del Vaupes" como "unos de los amos de horca y cuchilla" (p.268), que mantenía en estado de esclavitud a sus trabajadores. Esto, que no tardó en convertirse en instrumento político contra Rivera, fue inmediatamente comunicado al terrateniente afectado, quien, sin premura demandó, bajo apercibimiento de muerte, una retractación inmediata del denunciante. Posteriormente, el airado señor trató de asesinar a Rivera en la proximidad de su casa, quien se salvó gracias al pronto arribo de la policía de entonces. Sin dudas que los acontecimientos relacionados con la seguridad física del autor, lo llevaron a buscar la forma de estructurar su denuncia, sin que para ello se transformara en víctima de los desalmados terratenientes.

 

Juan Loveluck, en la interpretación marxista al prólogo de la edición Zigzag de La vorágine, cita a Wolfgang Kayser, para introducir la estructura de la obra. Aquí la llama "narración enmarcada" (27). Este tipo de observación, la podemos encontrar en los más de los prólogos a este libro, donde se omiten aspecto fundamentales y propios de la obra en estudio.

 

Rivera, como en Antígona de Sófocles, después de un breve prólogo al "Señor Ministro" (49), da comienzo a la obra, con la fuga de una pareja incomprendida por los familiares que se oponían a la unión de estos dos[2] . Este motivo sirve a Rivera para introducirse en el paraje de la problemática social que desea plantearnos; notase aquí, el primer recurso clásico de la obra.

 

Como en la tragedia, los declamadores empleaban carantamaulas, no por razones estéticas, pues estas tenían por función ocultar el rostro de los representantes histriónicos a manera que el Rey de turno no mandara a matar o castigara a los que osaran criticar su autoridad. Aquí, la máscara de Rivera se traduce en el prólogo, epílogo y los nombres camuflados de los personajes en la obra. Desde aquí en adelante, Rivera se lanza, copiosamente, drogado por el concepto de mimesis aristotélica, pararecrear el mundo circundante, creando de esta manera, bajo una estructura clásica, una denuncia que contribuiría a la justicia en esa zona.

Es importante señalar el contexto histórico en que La vorágine fue escrita. Colombia se encontraba sumergida en un largo período de devastación social y moral. La corrupción de la autoridad política y la lucha desesperada por el poder impusieron a este país guerras y matanzas que todavía no concluyen. Desde la gran guerra civil que impuso un alto precio de vidas al triunfo de los conservadores contra los liberales; al arrebato de Panamá, por parte de los Estados Unidos[3] , los que contribuyeron al carácter derrotista de este tiempo.

 

Tres años después de la publicación de La vorágine, en 1927, en un cotidiano debate en el teatro municipal, se litigaba con gran pompa el concepto de Geraldo Molina y que cita Carlos Uribe Celis en Los Años Veinte. Aquí se discutía la idea de que: "los europeos sostenían la inferioridad del hombre del trópico frente al de las zonas templadas" (138). Esto, sin duda permite ver la decadencia moral de la época donde algunos trataban de convencer al trabajador y al intelectual colombiano de que eran seres inferiores y por tanto debieran asumir una actitud más conformista.

 

No es extraño, que David Rivera, en el prólogo a José Eustasio Rivera: Obras Completas, se refiera a una conversación que José Eustasio Rivera había tenido con su "viejo amigo" Jorge Añez, antes de fallecer:

 

Sí como te he dicho. Allí denuncio las arbitrariedades de los magnates en los campos petrolíferos, la explotación inicial del trabajador, ( a los de abajo), que dijo Mariano Azuela; la forma sucia como se han hecho algunos contratos que más han enriquecido a unos cuantos bribones que a la nación. Cuando asistí a la Cámara de Representantes tuve la ocasión de documentarme lo suficiente. Además, aproveché mi posición oficial de entonces para conseguir en otras fuentes datos preciosísimos que ignora la mayoría de los colombianos.(19)


Hilda Perera, por otro lado, en Aspectos de La vorágine, se refiere a la conciencia social vertida en la obra de Rivera, con acertada claridad:

 

De modo consiente y avece forzado, Rivera incluye en su libro pasajes que denuncian su preocupación por las condiciones de vida de los humildes y los aspectos mas negativos de la infiltración capitalista en la selva. (17)

 

Estos aspectos produjeron muchas aseveraciones en torno al origen real y ficticio de La vorágine, logrando mezclarse algunos elementos concretos con antecedentes supuestos. Esto, sin duda ha nutrido a los retractores de esta obra literaria, quienes,por un momento, ignoran que el acto de copiar de la realidad es el instrumento base de la praxis literaria.

 

El ecléctico carácter de estructura, fuerza y contenido de La vorágine, se transforma en un modelo renovador para la literatura americana, dando inicio a un importante período que marcaría a la colectividad intelectual del continente latino. Su controvertido carácter y estilo, posteriormente sería llamado posromántico, naturalista, realista, mundonovista, novela social, literatura comprometida y para los más reaccionarios, simplemente, novela de protesta.


Es en la observación empírica de J. Walker con su obra La vorágine: José Eustacio Rivera, donde él, con despiadada parcialidad ideológica expresa la idea de que La vorágine es un "Document of social protest" (24), desconociendo que La vorágine es un reflejo de la sociedad que la produce y por ende su carácter de compromiso social es innegable.[4] Los apelativos de protesta social, son simplemente la visión cerrada y enmarcada de una forma de pensar con el fin de descalificar una expresión literaria. Más adelante, Walker elabora su concepto ideológico sobre la obra literaria:

 

There can be no doubt, then, that La vorágine is a historical record and a social document, but Rivera and those who follow his example do his novel a disservice on those occasions when they stress excessively the importance of the novel exclusively or especially as authentic portrayal of the reality of social abuses, and thus underline its denunciatory components, to the detriment of its other more lasting qualities and deeper dimensions.(26)

 

La tendencia de algunos críticos por señalar cual debiera ser el camino que los creadores literarios debieran asumir, como también, el rol que estos debieran cargar en la sociedad en que habitan, no sólo es un nefasto atentado contra la creatividad humana, sino que también, contra el hecho de que una obra literaria, al margen de su contenido y forma, es y será comprometida con las preocupaciones del ser humano.

 

Eduardo Neales-Silva, en su libro Horizonte Humano: vida de José Eustacio Rivera, menciona con abismante claridad: "Se debe distinguir entre el hombre, el arquetipo y el mito" sin mencionar que el prototipo, en este caso es la conciencia colectiva de los que sufren. Esta aseveración bastante acertada, paradojalmente, ha sido regularmente omitida por los críticos legales. "Mucho mas conocido es el arquetipo rivera, o sea, el individuo como reflejo de una sociedad." Luego prosigue; "El problema es dar al poeta", refiriéndose al escritor, "la dimensión humana que le corresponde" (11).

 

Al concluir, quisiera establecer la importancia que tiene la obra literaria como instrumento auxiliar para el estudio de la historia; esta constituye un arma de compleja estatura, por cuanto las observaciones vertidas en ella, están determinadas por el mundo circundante, y período en que es escrita. Es por ello, que marginarla de la labor histórica y analizarla por si misma, es una forma de negar el potencial y patrimonio cultural que posee. Por esto, La vorágine no constituye un fenómeno social ni es una mera expresión estética de un período específico, muy por el contrario, esta obra es el síntoma inequívoco de una época y como tal, esta tiene que ser observada dentro del conjunto y realidad a la cual pertenece.


Obras consultadas

Rivera, José Eustacio.La vorágine: edición prólogo y notas de Fernando Rosemberg.Buenos Aires: Editorial Losada, 1985.

---.La vorágine: Estudio preliminar del profesor Juan Loveluck.Séptima ed.Santiago de Chile: Zig-Zag, 1970.

---.Obras Completas.Medellín: Editorial Montoya,1963.

Herrera, Luis Carlos.Rivera Lírico y Pintor.Bogotá:Instituto Colombiano de Cultura, 1972.

Cano, B.Sanín.Tipos Obras, Ideas.Buenos Aires:Ediciones Penser, 1949.

Neale-Silva, Eduardo.Horizonte Humano: Vida de JoséEustasio Rivera.México: Editorial Madison, 1960.

Uribe Celis, Carlos.Los años Veinte en Colombia: ideología y cultura.Bogotá: Aurora, 1985.

Mejía, Alvaro Tirado.Aspectos Sociales de las Guerras Civiles en Colombia.Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1976.

Uribe, José Antonio.Colombia y los Estados Unidos de América.Bogotá: Imprenta Nacional, 1931.

Perera, Hilda.José Eustasio Rivera: Aspectos de La Vorágine.Habana: Monigua, 1956.

Gálvez, Marina.La Novela Hispanoamericana: (hasta 1940).Madrid: Editorial Taurus, 1990.

Fornaro, Milton.La vorágine: José Eustacio Rivera. Montevideo: Editorial Técnica S.R.L., 1978.

Walker, J.Rivera: La vorágine.London:Editorial Grant & Cluter Ltd., 1988.



[1] Hoy es otra la sustancia blanca que entristece a ese país.

[2] La acción del rapto, también puede ser asociada a la clásica versión de La Araucana de Alonso de Ercilla, donde el indio para consolidar su unidad matrimonial rapta a la amada.

[3] Al parecer, Colombia no ha tenido largos procesos de independencia política y territorial, sin antes ser victima de intervención extranjera.

[4] Fue en los años setenta donde alcanzó mayor auge la postura intelectual que discriminaba el arte entre protesta y no-protesta: arte comprometido y arte por arte, como si la expresión artística pudiera, en un momento determinado desvincularse de la realidad.