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Notas del Holocausto Tehuelche
Elías Letelier

La Patagonia es un centro turístico donde los vestigios de los pueblos originarios se reducen a la expropiación de nombres y explotación de la identidad indígena, idealizando la historia y así deformándola en una verdadera mofa ante el rostro de este pueblo en vías de extinción.

 

Esta región fue segregada y destinada a la ganadería. Sólo a partir de los problemas limítrofes entre Chile y Argentina, que se radicalizan a partir del 1880 y donde aparecen las preocupaciones geopolíticas y con ellas, la acelerada eliminación sistemática de los indios de la zona.

 

El origen de los indios de la zona patagónica se remonta a más de diez mil años AE y se destacan dos tipificaciones físicas o razas: los de tierra firme (Tehuelches o Patagones) y los canoeros (Cálufes, Yamanas o Yaganes).

 

Todavía no existe un consenso sobre el origen de los indios de la Patagonia. Prevalece la teoría de que llegaron por el estrecho de Berhing y/o por navegación desde el Pacífico. Las diferencias étnoantopológicas adquirieron, a principios de la era cristiana, rasgos y hábitos establecidos y que estaban bien determinados por la explosión demográfica. La comunicación entre los diferentes grupos y la trasmisión oral, fueron lentamente influenciados por una cultura común, hoy claramente identificada como Tehuelche.

 

Las excavaciones arqueológicas en el litoral magallánico muestran precisamente la presencia de dos razas, fuéguidos y láguidos, Estas difieren de los tehulches (pámpidos), que se caracterizaban por su espigada estatura y corpulencia de casi dos metros; muestran la evolución de un industria y diferencias entre el extremo sur, el estrecho y la Patagonia Central.

 

No faltan construcciones de piedra, desde modestos albergues semicirculares para alojamiento temporal de grupos de cazadores, hasta los túmulos, tumbas, de forma piramidal, que suelen alcanzar metros de diámetro y altura, exponentes de las creencias religiosas de tehuelches y sus antepasados. Abundan pinturas y grabados y puede demostrarse que algunos de estos motivos, tipo laberinto, tiene relación con la idea central del “Más Allá”, el conocimiento del “bien, del mal” como también del “paraíso”.

 

Interpretaban el bien y el mal en los ritos religiosos, los que eran ejecutados por brujos y adivinos, quienes cumplían también la función de curar, porque sus conocimientos heredados oralmente les permitían ahuyentar malos espíritus con ritos auxiliados de amuletos y talismanes, unciones y sangrías.

 

Poseían un dios hombre y una diosa mujer y eran devotos de un creador supremo llamado Watavinewa. La diosa, que habitaba el centro de la tierra, era llamada Tanowa.

 

Pero el origen del nombre patagones, con la llegada de los españoles, fue consecuencia de una observación errada, producto del tipo de calzado de cuero que empleaban, dejando una enorme huella impresa sobre la nieve.

 

Los tehuelches se caracterizaban por ser cazadores-recolectores, de alta estatura y vida nómada, dedicados principalmente a la caza del avestruz (ñandú) y el guanaco, del que utilizaban la carne y su piel para cubrirse y construir sus viviendas, como también lazos (cabrestos).

 

La colonización de esta área, no difiere de la que vivió el indio de la tierras al sur del Misisipi, Tenessee, Persilvanya, etc: por cada oreja de indio muerto y por cada seno de india muerta se pagaban 100 libras esterlinas. Tales prácticas, pocos mencionadas pero bien documentadas fueron la base de los primeros pasos de un exterminio, al cual se tienen que agregar los antecedentes de las primeras manifestaciones de la guerra bacteriológica, mediante la transmisión de la tuberculosis, el sarampión y la viruela.

 

Más allá de la fuerza bruta y la pólvora, el exterminio se centralizó en la eliminación masiva mediante desplazamientos étnicos, adopción y prohibición de hablar la lengua original. El genocidio y destrucción de algunas etnias se llevó a cabo bajo la cruz de los Salesianos, que bajo la tutela del gobierno de Chile cumplieron la función profiláctica de sanear el área mediante el ahogamiento cultural.

 

Los pueblos de la Patagonia eran nómadas y no existen referencias arquitectónicas ni monumentos que permitan descifrar una existencia distinta a la que hasta el momento se ha logrado establecer a partir de los diferentes utensilios e instrumentos encontrados a lo largo de la Patagonia.

 

Fueron recolectores que no podían adaptarse a la vida sedentaria. Para ellos no existía la propiedad de la tierra y la familia se constituía por el matrimonio, celebrado por mutuo acuerdo o por la adquisición de la mujer por el pretendiente mediante un trueque, lo que demostraba un poder económico que permitía cierta seguridad.

 

La caza era una labor colectiva donde mujeres y niños transportaban la carga y los hombres acorralan y atrapaban a las presas. A veces los cazadores se disfrazaban con pieles para confundir su presa: La caza de ballenas, focas o lobos marinos demandaba una preparación superior y se empleaban lanzas y arpones de hasta 3 metros con puntas de hueso filudo de 40 centímetros.

 

Se protegían de la intemperie con mantos de piel de lobo marino, aunque generalmente andaban desnudos. Las ropas, del cuello a los pies, eran predominantemente de cuero de guanaco, con la piel hacia adentro, a veces pintado por fuera (quillangos), también utilizaban la piel de zorros y liebres.

 

Los tehuelches eran canoeros que viajaban con toda la familia. Cada uno debía cumplir una tarea, la madre remaba, los hijos sacaban el agua de la canoa con vasos hechos de cuero de lobo marino, el padre oteaba en búsqueda de presas. En travesías por tierra seguían rutas diferentes, haciendo un promedio de 25 Km. diarios. Las mujeres cargaban el campamento y los bebés.

 

Tierra del fuego es el territorio donde la sobrevivencia se opone a las políticas de extermino todavía vigentes, las que se traducen en la eliminación de aspectos culturales que van desde el acto religioso al derecho a ejercer la formas de vida propias y que fueron consuetudinariamente practicadas hasta la llegada del hombre blanco. El modelo de exterminio sistemático ayer practicado, todavía continúa vigente mediante el desplazamiento, destrucción, y la comercialización de los recursos energéticos, naturales e históricos. Hoy, pese al reconocimiento del peligro de extinción, prevalece un burocratismo que es un embudo por donde las vidas se disipan y desaparecen, al amparo de los grandes discursos humanistas de la comunidad chilena.

 

Hoy se cree que sobreviven aproximadamente 300 Tehuelches y sólo diez hablan la lengua. Si bien nos dejan un arte rupestre de manos y huellas pintadas, del que todavía no logramos descifrar su significado, pese a entender rudimentariamente los aspectos subjetivos de su magia y religión, no es suficiente y es urgente que la comunidad internacional contribuya a un trabajo sistemático de rescate.

 

Para finalizar, acudo a la antropóloga Ana Fernández Garay, quien trabaja en la elaboración de un Diccionario Tehuelche-Español y ha asumido con urgencia el rescate de la nación de la extinción y quien declara: "Los últimos hablantes con los que estuve trabajando en su mayoría ya han fallecido y quedan dos o tres muy ancianos".